Interiorismo hotelero: diseñar una experiencia que el huésped quiera recordar

Elegimos un alojamiento por su ubicación, por sus servicios, por las fotografías que vemos antes de reservar o por las recomendaciones de otros viajeros. Pero una vez atravesamos la puerta, comienza otra parte de la experiencia: cómo nos hace sentir el espacio.

La habitación en la que descansamos, la recepción, la iluminación de los pasillos, los materiales, las zonas comunes o ese rincón en el que apetece quedarse un poco más forman parte de nuestra percepción del alojamiento.

Por eso, el interiorismo hotelero va mucho más allá de crear espacios atractivos. Se trata de diseñar una experiencia coherente con el concepto, el entorno y el tipo de huésped al que queremos dirigirnos.

Un hotel no es únicamente un lugar donde dormir

Un alojamiento puede cumplir perfectamente su función y, sin embargo, no dejar ningún recuerdo.

La diferencia aparece cuando el espacio consigue generar una experiencia.

En hospitality, cada decisión de diseño puede influir en la percepción que construye el huésped desde su llegada hasta el momento en el que abandona el establecimiento.

¿Cómo queremos que se sienta cuando entra?

¿Qué queremos que recuerde?

¿Qué diferencia este alojamiento de otros que podría encontrar en el mismo destino?

Responder a estas preguntas antes de comenzar a diseñar permite construir un proyecto con una dirección clara.

El interiorismo también construye la identidad del alojamiento

La identidad de un hotel no termina en su nombre, su logotipo o su página web.

El espacio es una de las expresiones más potentes de la marca.

Los materiales, la paleta cromática, las texturas, el mobiliario y la iluminación pueden transmitir determinados valores sin necesidad de explicarlos.

Un pequeño hotel junto al Mediterráneo puede buscar una relación directa con el paisaje y los materiales del entorno. Un alojamiento urbano puede apostar por un lenguaje completamente diferente.

Lo importante no es seguir una estética determinada, sino conseguir que el diseño tenga sentido dentro del concepto global del negocio.

Cuando todos estos elementos hablan el mismo lenguaje, el huésped percibe una experiencia mucho más coherente.

Diseñar para el huésped que realmente queremos recibir

No todos viajamos de la misma manera.

Una pareja que busca desconectar durante un fin de semana tendrá unas necesidades diferentes a las de una familia que pasa una semana completa en el destino. Lo mismo ocurre con un viajero de negocios, un grupo de amigos o alguien que elige un alojamiento precisamente por su propuesta de diseño.

Conocer al huésped ayuda a tomar mejores decisiones.

¿Necesita espacio para guardar equipaje?

¿Va a utilizar la habitación para trabajar?

¿Pasará gran parte del día en las zonas comunes?

¿Busca privacidad o espacios en los que relacionarse?

El diseño puede responder a estas preguntas antes incluso de que el huésped llegue.

La habitación: pocos metros, muchas necesidades

La habitación concentra algunas de las decisiones más importantes de cualquier proyecto de interiorismo para hoteles.

En relativamente pocos metros cuadrados debemos resolver descanso, almacenaje, iluminación, circulación, privacidad y, en muchas ocasiones, zonas de trabajo o relax.

Una habitación puede ser espectacular visualmente y resultar poco práctica cuando empezamos a utilizarla.

No encontrar un enchufe junto a la cama, no disponer de un lugar cómodo para abrir una maleta o tener una iluminación poco funcional son pequeños detalles capaces de afectar a la experiencia.

El diseño debe anticiparse a ellos.

Porque en hospitality, la funcionalidad no es enemiga de la estética. Forma parte de ella.

Las zonas comunes también cuentan una historia

Recepciones, restaurantes, terrazas, patios, pasillos o zonas de descanso son mucho más que espacios de transición.

Bien planteados, pueden convertirse en una extensión de la experiencia del alojamiento.

Además, la manera de viajar ha cambiado. Muchos huéspedes buscan espacios en los que desayunar tranquilamente, trabajar durante un rato, tomar algo, relacionarse o simplemente permanecer fuera de la habitación.

Esto obliga a pensar las zonas comunes desde diferentes usos y momentos del día.

Un mismo espacio puede necesitar comportarse de maneras distintas por la mañana y por la noche.

El interiorismo debe permitir esa flexibilidad.

Diseñar un hotel también significa pensar en su mantenimiento

Existe otra parte del diseño que rara vez aparece en las fotografías: qué ocurrirá con ese espacio después de miles de huéspedes.

Un alojamiento está sometido a un uso intensivo.

Los materiales se pisan, las superficies se limpian constantemente, el mobiliario se utiliza muchas veces al día y determinados elementos necesitan sustituirse o repararse.

Por eso, elegir únicamente por criterios estéticos puede convertirse en un problema a medio plazo.

Durabilidad, mantenimiento, facilidad de limpieza y posibilidad de reposición deben formar parte de la selección de materiales y mobiliario.

Un proyecto de hospitality debe funcionar el día de la inauguración, pero también años después.

La importancia de diseñar en relación con el destino

Un alojamiento no existe aislado del lugar en el que se encuentra.

Barcelona, Menorca o Lanzarote tienen identidades, paisajes, arquitecturas y formas de vida completamente diferentes.

El interiorismo puede establecer una relación con ese contexto sin necesidad de recurrir a tópicos ni convertir el espacio en una representación literal del destino.

A veces esa conexión aparece en los materiales. Otras, en los colores, en el trabajo de artesanos locales, en la arquitectura existente o simplemente en la manera de relacionar interior y exterior.

El objetivo no es decorar “como el lugar”, sino entender dónde estamos diseñando.

Cuando el espacio se convierte en parte del viaje

Recordamos determinados alojamientos incluso años después de haberlos visitado.

No necesariamente porque fueran los más lujosos.

Los recordamos porque tenían personalidad, porque nos hicieron sentir cómodos o porque existía algo en ellos que no encontramos en cualquier otro lugar.

Ahí reside uno de los grandes retos del interiorismo hotelero: conseguir que el espacio deje de ser simplemente el escenario donde sucede un viaje y se convierta en parte de él.

En Escabeche Studio entendemos el interiorismo para hospitality desde esa perspectiva: crear espacios con identidad, funcionales y conectados con el concepto de cada negocio.

Porque un huésped puede olvidar el número de su habitación.

Lo que difícilmente olvidará es cómo se sintió dentro de ella.

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Interiorismo para restaurantes: cuando el espacio también forma parte de la experiencia